En su juventud, Juan Manuel solo conoció la vergüenza y el castigo. Vivía con miedo constante, esforzándose cada día por alcanzar una meta imposible para evitar la ira de su padre. Pero cuando un creyente lo vio, lo aceptó, lo amó y le brindó el apoyo necesario para estudiar la Palabra de Dios, Juan Manuel descubrió la verdadera naturaleza de Dios. Dios transformó su tristeza y vergüenza en restauración y gozo.
Oren por los creyentes de Cuenca que viven su esperanza cada día con las personas que encuentran. Oren por la redención de historias difíciles y familias destrozadas. En esta tierra conocida por sus casas aferradas a las rocas, que la gente de esta región se aferre a Dios, su único y verdadero fundamento.
Lucas 6:47-48
«Todo aquel que viene a mí, oye mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a qué se parecen. Se parecen a un hombre que, al construir una casa, cavó hondo y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la inundación, la corriente golpeó aquella casa, pero no pudo derribarla, porque estaba bien construida.»
Alabado sea Dios. Cuando nuestros padres nos abandonan, Él nos acoge. ¡Qué hermoso testimonio! ¡Qué lástima que su padre fuera ajeno a las verdaderas necesidades de su familia!.
Me encantaría conocer a este caballero. Dios es fiel.